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Deseo y Obligación


 

¿Qué deseos te esclavizan?

¿Qué obligaciones te liberan?

Más de un autor estaría de acuerdo con la teoría de que la conducta humana está impulsada mayormente por dos "fuerzas": los "apetitos" y los "deberes".

Según entiendo, Freud habría puesto los deberes del lado del principio de realidad y los apetitos del lado del principio del placer.

Parecería que el cumplimiento de los deberes nos restringe la libertad y espontaneidad y el 'saciamiento' de los apetitos ampliaría nuestra libertad y felicidad (si se pudiere).

Y, sin embargo, sabemos que cuando nuestra conducta está presa de los apetitos, no resulta siendo tan libre como nos prometieron.

Además, esta especie de petición de principio de atribuirle "libertad" a la búsqueda de saciedad de aquellos apetitos, supone que dichos apetitos son espontáneos y surgen de lo más profundo de nosotros mismos (nuestro propio cuerpo o 'alma')  mientras que los deberes vendrían siempre desde "afuera", de los requerimientos de las sociedad o el contexto o los vínculos o el gran Otro.

Sin embargo, vivimos una época en la que los apetitos fueron adulterados por el marketing y entonces ya nadie es capaz de discernir si el chocolate (o nuevo celular o viaje a Disney) que ahora se le antoja, viene de sí mismo o se lo sugirió algún algoritmo.

Nuestros "deseos" ya no son nuestros. 

Están contaminados, inoculados, hackeados. 

Por lo tanto, su cumplimiento no es para nada un acto de libertad.

Todo lo contrario.

Y, sin embargo, ahí sigue pulsionando nuestro deseo, genuino, de fondo, aunque no sepa qué contener... 

O sea, dejar de desear no se puede, aunque uno no tenga idea de qué, ni para qué.

Complementariamente, se podría hacer una gran lista de "deberes" que lejos de sacarnos libertad nos proporcionan acceso a placeres más complejos y sutiles. 

Por cierto, creo que un ser humano sin 'deberes' está a medio paso de volverse loco... o menos.

Tener poder tampoco exime de deberes. El poder está repleto de deberes... destinados (como mínimo) a conservar el poder.

Así que el poder tampoco aporta libertad. Aunque esto no significa que haya que compadecerse de los hdp que lo detentan.

La libertad posmoderna es el nuevo nombre de la esclavitud.

Nadie está libre. 

Ni el amo ni el esclavo.

Ni el que se entrega al placer, ni el que lo resiste.

Y, sin embargo, alguno que otro es relativamente feliz. Y no por pelotudo, que sería otra fórmula dudosa.

¿Cómo cree usted que lo consigue?

Pablo Berraud

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