Ya desde muy antaño en occidente conocemos esa metáfora que señala que para "ver la luz" hay que caerse del caballo. Parecería que, mientras tanto y hasta entonces, uno vive cegado por el espejismo voluntarista y meritocrático. Es natural y sano tener miedo al fracaso (tanto en lo vincular, como en lo laboral o lo social). Es como temer caerse de un acantilado: nos aleja de los bordes. Pero a veces los bordes se acercan sin nuestro consentimiento. Aunque también existen los que lo generan inconcientemente como una especie de autocastigo. Estos últimos en realidad "triunfan al fracasar" por lo cual, en ese caso, el fracaso no cumple el efecto al que me estoy refiriendo acá. Claro que fracasar es traumático. Pero algunos fracasos son completamente imaginarios. En la pareja sentimos como fracaso cuando la otra parte nos deja de idealizar, cosa que siempre sucede cuando se diluye el primer enamoramiento. Pero es justamente lo que hacemos para querer restaurar esa ideal...
Compartiendo Psicología