"La angustia es nuestra mejor maestra", decía Kierkegaard. El problema es que en estos tiempos casi nadie quiere aprender nada. Si algo se puede afirmar con bastante generalidad del “neurótico normal” es que no sabe lo que quiere… pero no quiere la angustia. No tiene la más puta idea, no sólo de lo que para sí mismo está bien o mal, sino tampoco y ni siquiera de lo que le gusta o le desagrada. Puede sonar arbitraria la afirmación de que en nuestra época están en este estado la mayoría de las personas. Sin embargo, la verificación empírica está al alcance de la mano de cualquiera. Basta con mirar cómo votan. Quien no la vea, es justamente porque forma parte de esa multitud que no se da cuenta de nada… y se cree libre. Si esto no fuera así, la propaganda y la publicidad perderían su eficacia e, incluso, su razón de ser. Y no nos pasarían las desgracias políticas que no quiero mencionar. Parecería que mucha gente necesita que le digan qué pensar y qué desear. Y la publicidad (...
Compartiendo Psicología