Un poco "spinozianamente" hablando, quizás se podría decir que "la voz de Dios" es la suma y síntesis de todas las voces. De toda palabra pronunciada y por pronunciarse. Así, esa "palabra total" (buscada por Borges de manera insomne) sería paradójica, controversial, contradictoria... inabarcable por una sola mente humana. El "fiat" fundamental no se dijo. Se está diciendo. Y no se acabará de decir hasta que el último hombre extinga su última palabra. De ahí que ninguna doctrina es verdadera y todas los son. De ahí la imperiosa necesidad de escuchar lo diferente, lo diverso... lo que nos incomoda e, incluso, nos repugna. De ahí que toda opinión es vana hasta que se la contradice. De ahí que no hay una sola opinión que sea prescindible, por más idiota que parezca. De ahí que el punto de vista es siempre un punto ciego. O una fantasía tranquilizadora. De ahí que, hasta que no somos escuchados, no tenemos ni la más puta idea ...
Compartiendo Psicología