A veces uno se cruza con unos ingenuos enternecedores que buscan la nada. Los que practican, por ejemplo, el budismo nihilista, o cosas así. Los que pretenden, quizás, dejar la mente en blanco. Y, aunque parece algo difícil de encontrar, la nada está a la vuelta de la esquina. Está acá nomás. Cualquiera puede desembocar en ella de puro distraído o de imprudente entusiasta. La cosa no es ir, sino volver. Porque cuando uno dobla esa esquina, lo primero que advierte es que ya no hay esquina. En la nada no hay esquinas ni puertas. Aunque hayas acabado de pasar la puerta, aunque la tengas justo a tu espalda, ya no es tan fácil volver como quizás te hayas imaginado estando de este lado. Y no es, estrictamente hablando, porque no haya esquinas ni puertas en la nada. La nada no es el vacío, porque el vacío, también es algo. No es tampoco un espacio infinito donde uno flota beatíficamente. Está llena de “cosas”. El problema es que ninguna tiene nombre. No significan nada. Y cuando uno dej...
Compartiendo Psicología