Todo lo que existe, tiende a perseverar en su existencia, dijo Spinoza. De ahí el famoso "instinto de supervivencia" de los seres vivos. Pero la cosa en el bicho humano se complica. El bicho humano, por vivir en el tiempo, necesita recordarse permanentemente a sí mismo que él "es". Como si tuviera un disco en la cabeza repitiendo "yo soy el mismo que un momento atrás"... pero sin palabras. Si la cosa fuera verbal e individual esto se podría explicar simplemente: el tipo se está diciendo permanentemente a sí mismo quién es, porque eso es lo que para él significa "sobrevivir": tener una representación más o menos consistente de sí mismo en el tiempo. Dicho al revés: el instinto de supervivencia para el bicho humano significa estar "diciéndose" permanente e ininterrumpidamente "yo soy". Pero "diciéndose" entre comillas, porque esto no tiene necesariamente que ver con la palabra. La mayoría de este "decirse"...
Tienes una tarea que realizar. Haz cualquier otra cosa, haz cualquier cantidad de cosas, ocupa tu tiempo por completo; mas si no cumples con esta tarea habrás perdido todo tu tiempo. Rumi Demandados brutalmente por la supervivencia, algunos, en un instante de conciencia, advertimos con horror cómo nos tornamos eventualmente inhumanos... Algunos devenimos animales... A veces, lobos rapaces, a veces, ovejas sumisas y apáticas que se dejan llevar amontonadas a no se sabe dónde. O quizás, peor, nos volvemos engranajes. Algunos, pulcros engranajes eficientes, otros, engranajes rotos y defectuosos que se lastiman más y más a sí mismos y a la "maquinaria" de que forman parte con cada nueva vuelta. O quizás, incluso, cansados de resistir, nos parecemos a cadáveres estrellados por las olas una y otra vez contra un acantilado y le decimos a eso “acción” o movimiento voluntario. Milenarias tradiciones afirman que la central tragedia humana consiste justamente en eso. En no llegar a ser...