Todo lo que existe, tiende a perseverar en su existencia, dijo Spinoza. De ahí el famoso "instinto de supervivencia" de los seres vivos. Pero la cosa en el bicho humano se complica. El bicho humano, por vivir en el tiempo, necesita recordarse permanentemente a sí mismo que él "es". Como si tuviera un disco en la cabeza repitiendo "yo soy el mismo que un momento atrás"... pero sin palabras. Si la cosa fuera verbal e individual esto se podría explicar simplemente: el tipo se está diciendo permanentemente a sí mismo quién es, porque eso es lo que para él significa "sobrevivir": tener una representación más o menos consistente de sí mismo en el tiempo. Dicho al revés: el instinto de supervivencia para el bicho humano significa estar "diciéndose" permanente e ininterrumpidamente "yo soy". Pero "diciéndose" entre comillas, porque esto no tiene necesariamente que ver con la palabra. La mayoría de este "decirse"...
Me cruzo a menudo con lo que para mi es el prejuicio de que una persona, para estar cuerda tiene que ser racional. Cuando, en la práctica, me encuentro con más personas perturbadas por exceso de racionalidad que por su falta. Hay una gran diferencia entre ser racional y ser realista. Porque la realidad, aún teniendo su lógica interna, desfía muchas veces cualquier intento de racionalización. Y, sin embargo, para la persona humana tratar de razonar la realidad es inevitable, porque eso es lo que le da la sensación de controlarla. La racionalidad, en este sentido, no es mucho más que un mecanismo de defensa, en el más lato estilo freudiano. La esencia de lo humano es la contradicción: Cuando creo que crezco, quizás hay un aspecto en el que, simultáneamente, me envilezco o me traiciono o me distraigo y de tan orgulloso me caigo del balcón o pierdo el perro en una plaza. Cuando me encarrilo y me pongo serio, me descarrilo de la otra dirección en la que lo importante está por fuera de lo se...