Todo lo que existe, tiende a perseverar en su existencia, dijo Spinoza. De ahí el famoso "instinto de supervivencia" de los seres vivos. Pero la cosa en el bicho humano se complica. El bicho humano, por vivir en el tiempo, necesita recordarse permanentemente a sí mismo que él "es". Como si tuviera un disco en la cabeza repitiendo "yo soy el mismo que un momento atrás"... pero sin palabras. Si la cosa fuera verbal e individual esto se podría explicar simplemente: el tipo se está diciendo permanentemente a sí mismo quién es, porque eso es lo que para él significa "sobrevivir": tener una representación más o menos consistente de sí mismo en el tiempo. Dicho al revés: el instinto de supervivencia para el bicho humano significa estar "diciéndose" permanente e ininterrumpidamente "yo soy". Pero "diciéndose" entre comillas, porque esto no tiene necesariamente que ver con la palabra. La mayoría de este "decirse"...
Casi todos los humanos, pero también varios perros, tenemos (y obedecemos a) un imaginario "Manual de Instrucciones" (las mayúsculas son a propósito: significan "importante", "sagrado", "divino" o algo así). No importa lo libre o espontáneo que el tipo se sienta, si no lo tuviera estaría preso, internado o muerto. El Manual de Instrucciones, pues, es imprescindible para vivir en sociedad pero, por eso mismo, podría atentar contra el desarrollo de la identidad individual. Todo Manual de Instrucciones, no obstante, es único. Refiere a normativas generales de comportamiento, pero filtradas por quienes nos las transmitieron (generalmente al principio padres o cuidadores primarios, pero luego también educadores, grupos de referencia y líderes 'elegidos' -además de los elegidos por el algoritmo de su red social-). El Manual de Instrucciones individual, entonces, viene a ser una especie de app o programa de amplio espectro que va guiando gran...