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PSICOLOGÍA DEL ENOJO

 Todo lo que existe, tiende a perseverar en su existencia, dijo Spinoza. De ahí el famoso "instinto de supervivencia" de los seres vivos. Pero la cosa en el bicho humano se complica. El bicho humano, por vivir en el tiempo, necesita recordarse  permanentemente a sí mismo que él "es".  Como si tuviera un disco en la cabeza repitiendo "yo soy el mismo que un momento atrás"... pero sin palabras. Si la cosa fuera verbal e individual esto se podría explicar simplemente: el tipo se está diciendo permanentemente a sí mismo quién es, porque eso es lo que para él significa "sobrevivir": tener una representación más o menos consistente de sí mismo en el tiempo. Dicho al revés: el instinto de supervivencia para el bicho humano significa estar "diciéndose" permanente e ininterrumpidamente "yo soy". Pero "diciéndose" entre comillas, porque esto no tiene necesariamente que ver con la palabra. La mayoría de este "decirse"...
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SER VISTO... pero no tanto

¿Cómo fluir sanamente entre la soledad y el amontonamiento? ¿Cómo construir una identidad que te diferencie de la manada sin convertirte en un lobo solitario? Diga el tipo lo que diga o le parezca lo que le parezca, nada le importa más (como a cualquier otro humano) que ser visto: ser reconocido como "algo" distinto del paisaje, como figura que se destaca sobre el fondo. Y esto está bien, porque lo contrario lo pone en riesgo de que lo sieguen mientras están cortando el pasto. O que lo carguen con los muebles cuando termina la fiesta. Todos necesitamos ser reconocidos.  No hay otra manera de lograr idea alguna del "sí mismo" (self) que no pase por la mirada del Otro. Ya decía H.G. Wells que no hay mayor tortura para el hombre que la de sentirse invisible. Pero la cosa es que ese mismo impulso no está libre de ambivalencia. Porque llega un momento en que, cuanto más visto es el tipo en cuestión, también más se convierte en "presa": inevitablemente, entre lo...

Elaborar la angustia

  "La angustia es nuestra mejor maestra", decía Kierkegaard. El problema es que en estos tiempos casi nadie quiere aprender nada. Si algo se puede afirmar con bastante generalidad del “tipo promedio” es que no sabe casi lo que quiere… pero sabe que no quiere la angustia. Y eso ya es algo… aunque esté equivocado. Pero con este “principio” inverificado de que “hay que huir de la angustia” el tipo se la pasa haciendo parva de insensateces para anestesiarla. En este trajín, no tiene la más puta idea de lo que para sí mismo está bien o mal, y ni siquiera de lo que le gusta o le desagrada: lo único que lo mueve es evitar la angustia. Pero como está ciego, lo único que atina a hacer es lo que le sugiere el algoritmo: mayormente comprar algo. No es raro, por lo tanto, con este “punto de partida”, que haga, en algún momento crítico de su vida, un desborde de ansiedad o angustia. Uno para el que ya las anestesias habituales no le funcionan. Y entonces el tipo pide ayuda. Y ...

¿AUTOAYUDA O AUTOSUGESTIÓN?

Desde que el concepto de autoayuda alcanzó popularidad y se inundó el mercado de libros del tema, se generaron tanto fervientes fanáticos como intensos detractores. ¿Para quién son esos libros? Básicamente para los mismos que quieren arreglar todo con una pastillita en vez de ir a terapia. 🙃 Los buscadores de soluciones empaquetadas. Igualmente, como el género es amplio, creo que no se puede hablar de autoayuda como una sola cosa. Además, como esto no es un estudio serio sino sólo la opinión de un boludo, tampoco es que me puse a mirar los miles de libros que hay en el mercado. Usted, por lo tanto (y como es obvio) queda en total libertad de opinar distinto... sobre todo en la importantísima cuestión de si soy o no un boludo. 😏 Así que voy a hablar principalmente de un tipo particular que me parece un poco turbio. En estos libros, el problema, por lo general, es que en el “paquete ideológico” propuesto viene incluido (en el "ayúdate a ti mismo") el “únicamente” ❗️ (a veces ...

Una teoría sobre las discusiones de pareja.

  Existir es ser reconocido por un Otro. La sensación de existir no puede ser construida por uno mismo. Nos es concedida por la atención de los demás. Sin los demás, no hay forma de construir la idea de valoración personal. Por lo tanto (y mal que les pese a más de un fundamentalista de la autonomía) son los demás los que nos dan "permiso de existir": la sensación de tener derecho a la vida. Y esto no es una decisión que el tipo puede tomar: es un hecho constitutivo de su identidad. No lograr ser "reconocido" (validado, confirmado) por al menos algún otro (frecuentemente la pareja), es vivido imaginaria o simbólicamente como una amenaza de muerte social. Y la muerte social, para el ser gregario, no es más que una predicción de la muerte física. Atávicamente, si la manada te abandonaba te comían las fieras.  Literal. En algún lado del inconciente (en la memoria de la especie) tenemos la oscura noción de que solos nos morimos. No es tan raro entonces que, cuando nos h...

Deseo y Obligación

  ¿Qué deseos te esclavizan? ¿Qué obligaciones te liberan? Más de un autor estaría de acuerdo con la teoría de que la conducta humana está impulsada mayormente por dos "fuerzas": los "apetitos" y los "deberes". Según entiendo, Freud habría puesto los deberes del lado del principio de realidad y los apetitos del lado del principio del placer. Parecería que el cumplimiento de los deberes nos restringe la libertad y espontaneidad y el 'saciamiento' de los apetitos ampliaría nuestra libertad y felicidad (si se pudiere). Y, sin embargo, sabemos que cuando nuestra conducta está presa de los apetitos, no resulta siendo tan libre como nos prometieron. Además, esta especie de petición de principio de atribuirle "libertad" a la búsqueda de saciedad de aquellos apetitos, supone que dichos apetitos son espontáneos y surgen de lo más profundo de nosotros mismos (nuestro propio cuerpo o 'alma')  mientras que los deberes vendrían siempre desde ...

AUTONOMIA, BORDE, DESINTEGRACIÓN Y DEPENDENCIA

 AUTONOMIA, BORDE,  DESINTEGRACIÓN Y DEPENDENCIA Existir es tener borde. El borde es muy importante para todo ser vivo: más allá del borde está "lo consumible", consumir "más acá" del borde implicaría comerse a sí mismo. El mandato fundamental de todo ser vivo de "seguir siendo" está indisolublemente ligado a la noción de tener borde. Pero en el humano se complica... El tipo, cuando se encuentra arrojado en la existencia, se ve compelido por un borde que está obligado a conservar. Y está obligado de la manera más perentoria posible: está obligado por el deseo. El tipo desea autonomía más que nada en el mundo. Porque la autonomía produce cierta sensación de control sobre lo que está afuera del borde (y adentro). Y esa sensación de control es imprescindible para que el tipo sienta que su propia vida está en sus manos: que él es el único responsable de conservarla (aunque esto sea cierto sólo en una mínima parte). El tipo, pues, de lo que más depende, es de l...

LA FERTILIDAD DEL FRACASO

Ya desde muy antaño en occidente conocemos esa metáfora que señala que, para "ver la luz", hay que caerse del caballo. Parecería que, mientras tanto, uno vive cegado por el espejismo voluntarista y meritocrático. Es natural y sano tener miedo al fracaso (tanto en lo vincular, como en lo laboral o lo social) y también existen los que lo generan inconcientemente como una especie de autocastigo. Esto último, por supuesto, no me parece sano tampoco. Pero también me parece que la humildad necesaria para comprender a los otros (y a uno mismo) como seres necesitados de los demás no puede venir de ninguna otra parte que desde el derrumbe de nuestra omnipotencia. Claro que fracasar puede resultar traumático. Pero agradecer el fracaso es el principio de la sanación Pablo Berraud