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Entradas

PSICOLOGÍA DEL ENOJO

 Todo lo que existe, tiende a perseverar en su existencia, dijo Spinoza. De ahí el famoso "instinto de supervivencia" de los seres vivos. Pero la cosa en el bicho humano se complica. El bicho humano, por vivir en el tiempo, necesita recordarse  permanentemente a sí mismo que él "es".  Como si tuviera un disco en la cabeza repitiendo "yo soy el mismo que un momento atrás"... pero sin palabras. Si la cosa fuera verbal e individual esto se podría explicar simplemente: el tipo se está diciendo permanentemente a sí mismo quién es, porque eso es lo que para él significa "sobrevivir": tener una representación más o menos consistente de sí mismo en el tiempo. Dicho al revés: el instinto de supervivencia para el bicho humano significa estar "diciéndose" permanente e ininterrumpidamente "yo soy". Pero "diciéndose" entre comillas, porque esto no tiene necesariamente que ver con la palabra. La mayoría de este "decirse"...
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Una teoría sobre las discusiones de pareja.

  Existir es ser reconocido por un Otro. La sensación de existir no puede ser construida por uno mismo. Nos es concedida por la atención de los demás. Sin los demás, no hay forma de construir la idea de valoración personal. Por lo tanto (y mal que les pese a más de un fundamentalista de la autonomía) son los demás los que nos dan "permiso de existir": la sensación de tener derecho a la vida. Y esto no es una decisión que el tipo puede tomar: es un hecho constitutivo de su identidad. No lograr ser "reconocido" (validado, confirmado) por al menos algún otro (frecuentemente la pareja), es vivido imaginaria o simbólicamente como una amenaza de muerte social. Y la muerte social, para el ser gregario, no es más que una predicción de la muerte física. Atávicamente, si la manada te abandonaba te comían las fieras.  Literal. En algún lado del inconciente (en la memoria de la especie) tenemos la oscura noción de que solos nos morimos. No es tan raro entonces que, cuando nos h...

Deseo y Obligación

  ¿Qué deseos te esclavizan? ¿Qué obligaciones te liberan? Más de un autor estaría de acuerdo con la teoría de que la conducta humana está impulsada mayormente por dos "fuerzas": los "apetitos" y los "deberes". Según entiendo, Freud habría puesto los deberes del lado del principio de realidad y los apetitos del lado del principio del placer. Parecería que el cumplimiento de los deberes nos restringe la libertad y espontaneidad y el 'saciamiento' de los apetitos ampliaría nuestra libertad y felicidad (si se pudiere). Y, sin embargo, sabemos que cuando nuestra conducta está presa de los apetitos, no resulta siendo tan libre como nos prometieron. Además, esta especie de petición de principio de atribuirle "libertad" a la búsqueda de saciedad de aquellos apetitos, supone que dichos apetitos son espontáneos y surgen de lo más profundo de nosotros mismos (nuestro propio cuerpo o 'alma')  mientras que los deberes vendrían siempre desde ...

AUTONOMIA, BORDE, DESINTEGRACIÓN Y DEPENDENCIA

 AUTONOMIA, BORDE,  DESINTEGRACIÓN Y DEPENDENCIA Existir es tener borde. El borde es muy importante para todo ser vivo: más allá del borde está "lo consumible", consumir "más acá" del borde implicaría comerse a sí mismo. El mandato fundamental de todo ser vivo de "seguir siendo" está indisolublemente ligado a la noción de borde. Pero en el humano se complica... El tipo, cuando se encuentra arrojado en la existencia, se ve compelido por un borde que está obligado a conservar. Y está obligado de la manera más perentoria posible: está obligado por el deseo. El tipo desea autonomía más que nada en el mundo. Porque la autonomía produce cierta sensación de control sobre lo que está afuera del borde.  Y esa sensación de control es imprescindible para que el tipo sienta que su propia vida está en sus manos: que él es el único responsable de conservarla (aunque esto sea cierto sólo en una mínima parte). El tipo, pues, de lo que más depende, es de lo que lo hace sen...

LA FERTILIDAD DEL FRACASO

Ya desde muy antaño en occidente conocemos esa metáfora que señala que, para "ver la luz", hay que caerse del caballo. Parecería que, mientras tanto, uno vive cegado por el espejismo voluntarista y meritocrático. Es natural y sano tener miedo al fracaso (tanto en lo vincular, como en lo laboral o lo social) y también existen los que lo generan inconcientemente como una especie de autocastigo. Esto último, por supuesto, no me parece sano tampoco. Pero también me parece que la humildad necesaria para comprender a los otros (y a uno mismo) como seres necesitados de los demás no puede venir de ninguna otra parte que desde el derrumbe de nuestra omnipotencia. Claro que fracasar puede resultar traumático. Pero agradecer el fracaso es el principio de la sanación Pablo Berraud
  ¿Decimos nuestra palabra o nuestra palabra nos dice? ¿Formulamos nuestras oraciones o nuestras oraciones nos forman? Y me pregunto ¿cuánto narcisismo hace falta para sentirse dueño de la propia palabra? Cada palabra pronunciada (o pensada) es una invocación a un ángel o un demonio . Cuando venimos al mundo lo que nos espera es la palabra. Y toda inspiración cabalga en la palabra  Estamos hundidos, inundados, impregnados, envenenados y redimidos por palabras. Están literalmente en nuestra carne. No hay otro veneno ni otro antídoto. Creo que sin palabras no hay principio. Creo que la palabra es el verdadero Dios y es tan magnánima que sirve hasta para negarse a sí misma. Creo que no se puede creer en nada sin palabras, como tampoco descreer de ninguna cosa (que en definitiva no es más que otra creencia). Hasta un nihilista necesita creer (al menos) en la palabra "nada". Pablo Berraud

¿Quién se beneficia con el relativismo ético?

Siempre me llamó la atención la vehemencia con la que los relativistas defienden esta cuestión de que "todo es relativo" o "ninguna opinión tiene más valor que otra", como religioso que defiende un dogma de fe. Poniéndole onda, sospecho que puede haber detrás de eso un intento de rescatar la dignidad de todo humano y su derecho a decir.  El problema es que, en esa "buena intención" (démosles el beneficio de la duda), se les pierde de vista el hecho de que los discursos socialmente establecidos nunca son inocentes.  Siempre hay detrás de éstos una disputa de poder. Es más, en todo vínculo en el que no se haya podido "limpiar" la lucha de poder (quién la tiene más grande), siempre termina ganando el más fuerte o el más sagaz (que es otra forma de fuerza). Entonces, este "relativismo absolutista" termina siendo una ingenuidad peligrosa, que habilita  a los más psicópatas de nuestra "bendita" sociedad para hacer el mal.   Total, t...

Del manual de instrucciones...

Los que tenemos lenguaje (o sea usted y yo) incorporamos también junto con éste, una especie de manual de instrucciones individual que viene a ser una especie de app o programa de amplio espectro que va guiando gran parte de nuestros actos cotidianos. Serían como las reglas verbales de Skinner articuladas por el superyó de Freud. Las instrucciones de las que consta ese "programa" regulan nuestra conducta social y la percepción de nosotros mismos. Desde "no debo orinar en público" hasta "no soy bueno para las matemáticas". Algunas autoinstrucciones, por lo tanto, son útiles, incluso imprescindibles. Pero otras son autolimitantes y, muy frecuentemente, no tienen nada que ver con la realidad. Muchas veces, por razones más bien fortuitas, a una frase soltada al azar por alguno de nuestros progenitores o figuras de referencia, le damos tal trascendencia que la convertimos en un supuesto eje de nuestra identidad. Y así andamos a veces, soportando la carga de pal...