¿Qué es una sexualidad saludable?
Tu sexualidad, ¿está impulsada por el deseo o por el deber?
No es fácil encontrar el rumbo para vivir una sexualidad sin mandatos cuando venimos corridos por los prejuicios y censuras victorianas y por delante nos cercan los imperativos de libertad absoluta y goce hasta la extenuación.
Así, por ejemplo, no es de extrañar que las generaciones “educadas” por la pornografía sientan ansiedad o frustración al pretender lograr estándares de ficción. Y esos mandatos atañen tanto al gozar como al hacer gozar. Lo cual genera ansiedad de desempeño que, en vez de potenciar, inhibe.
Detalle importante: gozar y disfrutar pueden ser cosas distintas, incluso opuestas.
También nos atraviesa en esta época el miedo a expresar nuestras emociones y/o sensaciones ante el otro lo cual nos inhibe al momento de disfrutar colaborativamente.
Entonces hoy coexisten traumáticamente el mandato de disfrutar al extremo contra las sanciones y las culpas ancestrales que nos fueron transmitidas por nuestras instituciones y asimilamos casi inconcientemente. No es extraño que a algunos se les haga cierto cortocircuito.
Pero si queremos disociar la sexualidad de los mandatos culturales, la sexualidad se ve reducida a la pura corporalidad y, por tanto, empobrecida. El registro imaginario y el simbólico no pueden quedar excluidos a riesgo de perder lo mejor de la cuestión, lo más humano.
La sexualidad humana es un hecho cultural, no animal.
Por lo tanto es reeducable.
Paradójicamente, en la sexualidad, "confiar en los instintos" no es suficiente.
Se necesita creatividad y fantasía... y eso se aprende.

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