Existir es ser reconocido por un Otro.
La sensación de existir no puede ser construida por uno mismo.
Nos es concedida por la atención de los demás.
Sin los demás, no hay forma de construir la idea de valoración personal. Por lo tanto (y mal que les pese a más de un fundamentalista de la autonomía) son los demás los que nos dan "permiso de existir": la sensación de tener derecho a la vida. Y esto no es una decisión que el tipo puede tomar: es un hecho constitutivo de su identidad.
No lograr ser "reconocido" (validado, confirmado) por al menos algún otro (frecuentemente la pareja), es vivido imaginaria o simbólicamente como una amenaza de muerte social.
Y la muerte social, para el ser gregario, no es más que una predicción de la muerte física.
Atávicamente, si la manada te abandonaba te comían las fieras. Literal.
En algún lado del inconciente (en la memoria de la especie) tenemos la oscura noción de que solos nos morimos.
No es tan raro entonces que, cuando nos hacen sentir prescindibles, intercambiables o innecesarios, reaccionemos compensatoriamente con enojo.
Y una vez que entramos en enojo, la realidad vincular se vuelve dicotómica: todo se vuelve o blanco o negro: amable o amenazante: matar o morir.
El desconfirmado siente que la única forma de "recuperar" su consistencia es desconfirmando al otro: hacerlo sentir más prescindible que yo. Se enlista, pues, en una batalla como si fuera presenciada por un juez invisible que va a decidir entre los dos cual vive y cuál muere.
O sea, la pelea es "ante Dios". Y no importa que el tipo sea ateo, en esa coyuntura actúa, sin advertirlo, como si creyera.
Y en ese juego de desconfirmaciones (dentro del cual, por lo general, ninguno de los actores se da cuenta cabalmente de lo que está pasando) se da la escalada simétrica (aumento progresivo de virulencia) que, por lo general, si ninguno puede "correrse" de esa posición, puede terminar en desastre, incluso en muerte literal, hecha y derecha.
Saber que todo el que agrede tiene miedo (aunque no lo sepa) creo que es un buen dato para tramitar las agresiones desde un mejor lugar.
Explicitar (y empatizar) el miedo que hay en el fondo, puede ser una buena forma de diluir la caparazón de enojo que lo recubre.
Pablo Berraud

Comentarios
Publicar un comentario