La ira es probablemente la compulsión que más se relacione subjetivamente con esto de “perder la cabeza” . En casos extremos, todos lo sabemos, la ira puede conducir incluso al homicidio y, por eso, entre otras cosas, la colocamos tan alto en el orden de “gravedad” . La ira, si bien destruye también a su emisor, es primordialmente un impulso destructivo orientado a otro . Se dice que es la emoción predominante del psicópata que, ante cualquier percepción de hostilidad o crítica con respecto a su persona, reacciona con este sentimiento avasallador y destructivo. No estamos diciendo que, si a veces sentimos ira, seamos psicópatas, pero no es un dato menor. La ira es en sí misma, un capricho infantil . Y, como capricho que es, su impulso consiste en destruir todo lo que se interponga entre el encaprichado y su objeto de deseo. Y como lo que frecuentemente se interpone es una persona, ésta pierde para el iracundo su condición de tal. Se convierte automáticamente en un obstácu...
Compartiendo Psicología