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Mostrando las entradas con la etiqueta Palabra
  ¿Decimos nuestra palabra o nuestra palabra nos dice? ¿Formulamos nuestras oraciones o nuestras oraciones nos forman? Y me pregunto ¿cuánto narcisismo hace falta para sentirse dueño de la propia palabra? Cada palabra pronunciada (o pensada) es una invocación a un ángel o un demonio . Cuando venimos al mundo lo que nos espera es la palabra. Y toda inspiración cabalga en la palabra  Estamos hundidos, inundados, impregnados, envenenados y redimidos por palabras. Están literalmente en nuestra carne. No hay otro veneno ni otro antídoto. Creo que sin palabras no hay principio. Creo que la palabra es el verdadero Dios y es tan magnánima que sirve hasta para negarse a sí misma. Creo que no se puede creer en nada sin palabras, como tampoco descreer de ninguna cosa (que en definitiva no es más que otra creencia). Hasta un nihilista necesita creer (al menos) en la palabra "nada". Pablo Berraud

NEUROSIS Y PALABRA HUECA

Hasta donde sé, creo que fue Lacan el que acuñó el concepto para la psicología. Aunque sospecho que lo sacó de Heidegger o algún existencialista... Lo contrario a palabra hueca (o vacía) es, como cualquiera puede deducir, palabra plena (o llena). Pero esto puede ser un problema, porque muchos parecen creer que “palabra llena” significa “llena de sentimiento”... y así viven repitiendo boludeces melosas sin ningún significado práctico para su propia vida, salvo el de mantenerlos en el limbo tibio de la inautenticidad. En una especie de hipnosis ligeramente placentera pero estéril, como la de la rana en la olla a la que le van calentando el agua gradualmente hasta hervirla viva. Como si estuvieran drogados de aforismos. ¿Y qué carajo tiene esto que ver con la neurosis? Bueno, en mi opinión, todo. La neurosis se expresa por completo en el territorio de la palabra. Y, por lo tanto, se puede abordar en el mismo territorio. Como se sabe, la palabra es síntoma, ve...

DE PALABRAS Y PRINCIPOS

¿Decimos nuestra palabra o nuestra palabra nos dice? ¿Formulamos nuestras oraciones o nuestras oraciones nos forman? Pero me digo ¿cuánto narcisismo hace falta para sentirse dueño de la propia palabra? Cada palabra pronunciada (o pensada) es una invocación a un ángel o un demonio (dios mío hace que entiendan que todo es metáfora). Cuando venimos al mundo lo que nos espera es la palabra. Y toda inspiración cabalga en la palabra (ésto seguro será causa de disenso para muchos, pero permítaseme expresar mi creencia). Lacan decía que la verdad está sólo en la palabra.  Se le olvidó decir que el ser humano también. Estamos hundidos, inundados, impregnados, envenenados y redimidos por palabras.  Están literalmente en nuestra carne. No hay otro veneno ni otro antídoto. Creo que sin palabras no hay principio. Creo que la palabra es el verdadero Dios y es tan magnánima que sirve hasta para negarse a sí misma. Creo que no se puede creer en nada sin palabras...

ODA A LA DIVERSIDAD

Un poco "spinozianamente" hablando, quizás se podría decir que "la voz de Dios" es la suma y síntesis de todas las voces. De toda palabra pronunciada y por pronunciarse. Así, esa "palabra total" (buscada por Borges de manera insomne) sería paradójica, controversial, contradictoria... inabarcable por una sola mente humana. El "fiat" fundamental no se dijo. Se está diciendo. Y no se acabará de decir hasta que el último hombre extinga su última palabra. De ahí que ninguna doctrina es verdadera y todas los son. De ahí la imperiosa necesidad de escuchar lo diferente, lo diverso... lo que nos incomoda e, incluso, nos repugna. De ahí que toda opinión es vana hasta que se la contradice. De ahí que no hay una sola opinión que sea prescindible, por más idiota que parezca. De ahí que el punto de vista es siempre un punto ciego. O una fantasía tranquilizadora. De ahí que, hasta que no somos escuchados, no tenemos ni la más puta idea ...

LA NADA

A veces uno se cruza con unos ingenuos enternecedores que buscan la nada. Los que practican, por ejemplo, el budismo nihilista, o cosas así. Los que pretenden, quizás, dejar la mente en blanco. Y, aunque parece algo difícil de encontrar, la nada está a la vuelta de la esquina. Está acá nomás. Cualquiera puede desembocar en ella de puro distraído o de imprudente entusiasta. La cosa no es ir, sino volver. Porque cuando uno dobla esa esquina, lo primero que advierte es que ya no hay esquina. En la nada no hay esquinas ni puertas. Aunque hayas acabado de pasar la puerta, aunque la tengas justo a tu espalda, ya no es tan fácil volver como quizás te hayas imaginado estando de este lado. Y no es, estrictamente hablando, porque no haya esquinas ni puertas en la nada. La nada no es el vacío, porque el vacío, también es algo. No es tampoco un espacio infinito donde uno flota beatíficamente. Está llena de “cosas”. El problema es que ninguna tiene nombre. No significan nada. Y cuando uno dej...