En estos tiempos en el que el más alto “valor humano” parece ser el económico (“tanto tienes tanto vales”), las personas , quizás, más despreciadas son las que no dedican la mayor parte de su tiempo a hacer dinero. Así, si alguien está devotamente dedicado a estafar a la gente (o a esclavizarla) siempre habrá alguno que en su defensa, diga “pero es muy trabajador”. A partir de esta distorsión ética generada por la “sociedad productiva”, alguna gente pasó a creer que el activismo frenético (aunque sea sin propósito ni sentido) es siempre preferible a quedarse quieto. Por esta razón, (con relación a la conocida cita freudiana que asegura que la salud mental tiene que ver con “amar y trabajar”), que alguien trabaje (es decir, tenga un empleo) no sirve ya como signo exterior de referencia. Ya que el empleo puede ser muchas veces la principal causa de alienación o evasión (incluso intencionada) a través del cual una persona evite sistemáticamente encontrarse consigo misma. P...
Compartiendo Psicología